
Al igual que otras poblaciones de la Sierra, Linares fue ocupada por musulmanes y portugueses antes de pasar a manos castellanas bajo la jurisdicción del Concejo de Sevilla en el Siglo XIII. La presencia árabe se detecta aún en los sistemas de riego, en numerosos topónimos y a decir de algunos en el trazado laberíntico de las calles.
La localidad crece bajo la dependencia de Aracena y en 1640 pasa con ella a estar bajo el dominio del Conde-Duque de Olivares. El título de villa no lo obtendrá hasta 1754, otorgado por Fernando VI.
En el siglo XVIII será una época de expansión en Linares, como en la mayor parte de la Sierra, que se traducirá en un fuerte incremento de población y en la construcción de una iglesia parroquial.
El siglo XIX supone el techo demográfico del pueblo, que alcanza los 1021 habitantes en 1857, para caer la población en picado desde comienzos del siglo XX, primero absorbida por el "boom" minero del Andévalo y posteriormente por el éxodo rural de los años 60.
En la actualidad la población se ha estabilizado, y parece vivir una etapa de prosperidad gracias al turismo y a las personas de la ciudad que ven a Linares de la Sierra como una población ideal donde disfrutar de una buena calidad de vida.